La situación actual de tipos de interés provoca que muchos clientes, con un marcado perfil inversor conservador y que años atrás se conformaban con el típico depósito bancario, se hayan visto atraídos por productos alternativos con el objetivo de mejorar sus rentabilidades. 

Independientemente del producto escogido para sortear los bajos tipos de interés, habitualmente a través de fondos de inversión, en este post nos centraremos en los riesgos que pueden conllevar determinadas decisiones y cómo debemos afrontar e incluso valorar la nueva gestión de nuestros ahorros, seguramente de mayor calidad si es de la mano de un asesor financiero acreditado.

Todo inversor debe saber que al abandonar el clásico depósito de las entidades bancarias, que por cierto está actualmente en desuso y no exento de ciertos riesgos (ver post de riesgos financieros), puede estar tomando posiciones en otro tipo de inversiones con riesgos adicionales asociados. Y al entrar en este nuevo nivel de gestión de los ahorros, debemos realizar unos pasos previos que garanticen que nuestras inversiones están bajo control y que respetamos el denominado “umbral de insomnio”, o sea que invertimos con un nivel de riesgo acorde a nuestra tolerancia particular y que nos permita dormir con tranquilidad.

Para construir una correcta cartera de inversión, una de las claves a tener en cuenta es la diversificación, y está puede incluir diferentes mercados, clases de activos e incluso diferentes divisas, entre otros. Los mercados predominantes en cualquier cartera de inversión diversificada son los de Renta Fija y Renta Variable. Podemos ver un ejemplo en la siguiente tabla:

En el cuadro anterior podemos ver un ejemplo donde se aprecian diferentes clases de activos para ambos mercados de Renta Fija y Renta Variable. A partir de una estructura de este tipo, una vez definido el perfil inversor del cliente y disponiendo de una opinión fiable de los mercados financieros (Asset Allocation), podemos empezar a construir una buena propuesta, que no estará nunca libre de riesgos. Y estos riesgos podrán venir desde sendos mercados de Renta Fija y Renta Variable.

Tal y como se explica en el post dedicado a la Renta Fija, se suele dar la circunstancia que en escenarios de tipos de interés muy bajos pero con perspectivas de subidas de tipos, la renta fija pueda dar resultados negativos. Y lo difícil de explicar en muchas ocasiones es que esas rentabilidades negativas son un mal menor que contribuyen a compensar potenciales caídas de la renta variable en escenarios de caídas generales de los mercados. De esta manera, si tenemos un perfil moderado donde nuestra cartera esté compuesta, por ejemplo, por un 50% de Renta Fija y un 50% de Renta Variable, si la Renta Variable cae, mi cartera sólo se verá afectada según la distribución ponderada de la Renta Variable, y la Renta Fija contribuirá a amortiguar dichas caídas. 

Es importante entender que no debería ser obligatorio ir a buscar rentabilidades positivas en todos los activos en los que estamos invertidos, lo importante debe ser el comportamiento y resultado global de nuestra cartera de inversión.

Con todo esto, construyamos sin miedo carteras de inversión más allá de los depósitos a plazo fijo, pero hagámoslo respetando nuestra tolerancia al riesgo y de la mano de un asesor financiero que nos ayude a tomar decisiones y nos acompañe de forma periódica en la revisión de nuestras inversiones.