Se suele decir que no debemos poner todos los huevos en la misma cesta. Y la explicación es sencilla, si se cae el cesto lo fácil es que se nos rompan todos los huevos.

Planteemos situaciones reales, primera: si tenemos 250.000 euros disponibles, ¿es buena opción comprar un piso y destinar todo el capital a esa inversión? Otra: si disponemos de 100.000 euros ahorrados, ¿compramos con dicho dinero acciones de una sola compañía por mucho que nos guste? Una más: al realizar la compra doméstica, ¿lo compramos todo en el mismo establecimiento o supermercado?

Teniendo en cuenta las circunstancias personales, familiares y económicas, y siempre y cuando nos lo podamos permitir, debemos valorar diversificar nuestras inversiones. Cuando estalló la crisis hipotecaria de 2008 comprobamos que aquellos inversores que habían acumulado inmuebles como principal estrategia inversora se encontraron con un problema de liquidez importante ya que, durante un largo periodo de tiempo, no hubo mercado para monetizar dichas inversiones. Y además, había quien tampoco disponía del efectivo suficiente como para mantener dichos inmuebles con relativa tranquilidad.

Por mucho que nos guste y creamos en una empresa, y por buenas que sean sus cifras, no todo lo que puede afectarla está bajo su control. Hay elementos de mercado, precios de las materias primas, de los combustibles, y un largo etcétera que, por muy previstos que tenga la empresa, pueden ser susceptibles de alterar y condicionar el devenir de cualquier proyecto.

Incluso la compra doméstica nos sirve de ejemplo, aunque seamos de costumbres arraigadas, normalmente hay enseres que compramos en un sitio por precio, en otros por calidad e, incluso, habrá establecimientos a los que vamos por la calidad del  trato que recibimos.

Cuando hablamos de asesoramiento financiero, la diversificación es unos de los principios básicos más antiguos de la teoría de las finanzas. El profesor Harry Markowitz, galardonado con el premio nobel de Economía en 1990, desarrolló ya en la década de los 50 la teoría moderna de gestión de carteras. Markowitz propone que el inversor debe abordar su cartera de inversión como un todo en lugar de seleccionar valores individuales por la rentabilidad esperada de cada valor en particular. En definitiva, no es prudente esperar comportamientos positivos de cada una de las inversiones que hagamos, por lo tanto, es necesario diversificar para que unos comportamientos compensen otros.

Y con ello ya tenemos una primera aproximación a la diversificación. Por supuesto, luego deberemos tener en cuenta otros factores como la correlación de mercados y los diferentes tipos de activos e inversiones, construir carteras de inversión donde los activos invertidos no estén solapados o sobre invertidos, sino equilibrados y diversificados, y sobretodo, acorde a nuestras circunstancias personales y perfil inversor.

Así como en la liga española de fútbol hay unos equipos que siempre llevan la delantera, en el siguiente gráfico observamos que en los mercados financieros el podio está muy discutido y no hay un mercado o clase de activo claramente ganador año tras año, todo lo contrario, hay una alternancia bastante contrastada.

Para ejemplificar cómo podría ser el comportamiento de diferentes cestas de inversión que incluyan los anteriores mercados financieros, podemos definir unas carteras modelo y mostrar sus resultados teóricos. Por ejemplo, una “Cartera Conservadora” que mantenga un 75% en Renta Fija y un 25% en Renta Variable, una Cartera Moderada con un 50% en Renta Fija y otro 50% en Renta Variable, y por último, una Cartera Agresiva donde haya un 15% en Renta fija y un 85% en Renta Variable. Y así hubieran sido los resultados si lo hubiéramos mantenido durante el periodo de tiempo indicado.

Apreciamos, en este caso y en este periodo relativamente largo de tiempo, que las cestas más agresivas son las que  mejores resultados han arrojado. Lo cierto es que también podría haber sido de otra manera.

Para finalizar, insistimos, estemos atentos a la hora de invertir: diversificar es siempre sinónimo de reducción de riesgos en caso de imprevistos o necesidad de liquidez.