El Lunes 15 de Septiembre de 2008, Lehman Brothers, uno de los mayores bancos de inversión de Estados Unidos, quebró tras 158 años de actividad. Los efectos de aquel seísmo aún se sienten por toda la economía global tras desencadenarse la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión en el año 1929, fue el detonante definitivo de la crisis de las hipotecas basura debido a los activos tóxicos ocultos y empaquetados dentro de millones de productos de inversión de todo el mundo.

El miedo a los problemas ocultos de los productos financieros provocó la caída de las bolsas mundiales, los bancos se vieron afectados al mantener invertidos dichos activos. Se generó una profunda crisis de liquidez y la financiación a las empresas se redujo drásticamente provocando despidos masivos y cierres de compañías. Las familias sufrieron en primera persona la negligencia y connivencia de las entidades financieras y de los organismos reguladores, favorecido a su vez por la desinformación de los propios clientes. El consumo desapareció, y con él la capacidad de generar riqueza y estabilidad presupuestaria para familias, empresas y países.

Transcurridos 10 años desde aquel episodio, casi todos los bancos protagonistas de aquellos excesos son más fuertes aunque con mayor dificultad para generar ingresos por el endurecimiento de las reglas del juego, los bancos centrales siguen con una laxitud extrema de la política monetaria, y las familias van recuperando poco a poco la normalidad financiera tras la reducción progresiva del desempleo y la apertura del crédito. Pero inevitablemente, un sentimiento de desconfianza hacia el sector bancario se impuso, en especial en España, que aún a día de hoy le está pasando factura. 

Como suele pasar en tiempos difíciles, de dicha experiencia obtuvimos aprendizajes y se modificaron comportamientos tanto de consumo como de hábitos financieros. Pero lamentablemente, tenemos poca memoria financiera y continuamos cometiendo errores que deberíamos minimizar.

A continuación detallamos 10 puntos clave para una correcta inversión financiera:

  1. Ten clara tus metas y fija una estrategia para conseguirla.
  2. Sé consciente de tus ingresos y gastos y define tu capacidad de ahorro mensual o anual.
  3. Consulta y apóyate en un asesor financiero objetivo e independiente para planificar tus inversiones financieras.
  4. Averigua los riesgos asociados de las inversiones propuestas o escogidas.
  5. Conoce el nivel de liquidez de dichas inversiones o propuestas.
  6. Invierte siempre según tu perfil inversor y tolerancia al riesgo. No superes el llamado “umbral de insomnio” que te impedirá dormir tranquilamente cuando los mercados se muevan.
  7. Construye carteras de inversión que sean escalables para que los aumentos de capital no generen estructuras desordenadas.
  8. Diversifica tus inversiones.
  9. Realiza seguimientos periódicos que te den tranquilidad y un correcto conocimiento de la evolución de tus inversiones.
  10. No inviertas en nada que no entiendas.