Hoy 1 de Octubre es el día de la Educación Financiera, y 2018 suma la cuarta celebración fruto de un convenio firmado por el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, con la adhesión del Ministerio de Economía y Empresa y la participación de una red de colaboradores, donde se pretende transmitir la importancia de la planificación financiera en todas las etapas de nuestra vida.

Claramente esta cuestión sigue siendo una asignatura pendiente: el nivel de preocupación debe ser máximo en los entornos de menor capacidad económica, pero hay una carencia significativa en todos los estratos sociales y nadie debe sentirse excluido de una información que se antoja vital en los tiempos que corren.

Tuve, y tengo, la oportunidad de participar en un programa de Educación Financiera de la mano de EFPA España, quien realiza una importantísima labor al respecto, y tuve la suerte de ir acompañado de una excelente profesional y mejor persona. Me permitiré en este post un toque personalista para narrar y transmitir las sensaciones que me llevé en varias de las sesiones, mis conclusiones sobre mi experiencia como “Educador Financiero”.

Estos talleres se estructuran en diferentes cursos, contenidos, temáticas y niveles, de tal forma que se empieza por unos contenidos más elementales para poco a poco adentrarse en una mayor complejidad y con una elevada aproximación práctica. Siendo así, se prepara al asistente de forma gradual para que pueda afrontar, de la mano de un experto asesor financiero, su propia planificación financiera.

Las sesiones invitan a la reflexión, y en muchas ocasiones los mensajes sacuden con fuerza a una gran parte de oyentes que llevan años gestionando sus ahorros como buenamente pueden, porque, ni ellos mismos se han parado a reflexionar sobre ello ni han encontrado a nadie que les ayude de verdad. Salvando excepciones, las conclusiones más relevantes donde poner el foco serían las siguientes:

Para el cliente:

  • Es imprescindible un trabajo previo para preparar la visita con un asesor financiero.
  • Confiar en el asesor que tenemos delante, explicarle con todo detalle nuestra situación financiera y personal para que pueda elaborar una propuesta global y adecuada a nuestros propósitos, circunstancias y objetivos.
  • Exigir a su asesor un proyecto financiero a medida y a largo plazo y un seguimiento en el tiempo del plan de acción definido.

Para el asesor financiero y las entidades financieras:

  • Los asesores tienen que ofrecer una propuesta a medida y a largo plazo, y ser capaces de mantener una estrategia en el tiempo.
  • Las relaciones de los clientes con sus asesores o entidades tienen que ser a largo plazo, evitar planes de acción de los cuales nadie se acuerda al cabo de 6 meses.
  • Las entidades financieras deben dotar a sus redes comerciales de herramientas que faciliten un asesoramiento de calidad, con visión de largo plazo y con foco en el cliente.

Ver las reacciones de los participantes a las sesiones fue revelador: “¿dónde podemos encontrar este tipo de servicios?”  “En mi banco nunca me han sugerido este tipo de ejercicios”, “¿Es ya demasiado tarde para empezar?”. Y muchas otras reacciones que delataban una mezcla de pánico por el trabajo no realizado y decepción por no haber encontrado a nadie antes que les ayudara a realizar ese tipo de ejercicios.

Una duda que me surge: aquellos asistentes tan gratamente sorprendidos por esos talleres, ¿hicieron algo al respecto?

Hagámoslo todos.

Y no nos engañemos, todos tenemos responsabilidad en este asunto: clientes, profesionales del sector financiero, entidades financieras, escuelas, empresas y gobiernos.