Para una empresa es vital mantener actualizado su balance y cuenta de resultados para conocer de manera fiable la salud financiera de la misma. En la economía doméstica y para toda persona o familia, también es imprescindible. Siendo así, si queremos planificar correctamente una economía familiar, básicamente trabajaremos una cuenta de resultados, un balance de situación y el análisis de nuestra situación patrimonial.

En un balance detallamos los activos, o sea todos los bienes y derechos que tiene una persona, y los pasivos, que son todas las obligaciones o deudas que mantenemos. Para que nos entendamos, un activo podría ser la casa dónde vivimos y un pasivo el préstamos hipotecario que se nos concedió para adquirir dicha vivienda. Por supuesto, en un balance doméstico no tiene porque cuadrar el activo con el pasivo, como sí ocurre en la empresa.

El Balance:

 

La diferencia resultante entre todos los activos y todos los pasivos es el patrimonio neto, y sería la cantidad disponible en el caso que vendieramos nuestros bienes una vez liquidadas nuestras deudas. 

Si mi vivienda tiene un valor de 300.000 euros y el importe pendiente de mi hipoteca es de 200.000 euros, mi patrimonio neto es de 100.000 euros.

El Patrimonio Neto:

 

En la Cuenta de Resultados incluimos nuestros ingresos y gastos, con el máximo detalle posible. En los ingresos detallaremos todas las entradas de dinero, el más importante será el salario o los ingresos laborales, pero también un alquiler inmobiliario, intereses de cuentas o depósitos bancarios, una donación o un premio de lotería. En los gastos se incluyen todas las salidas de dinero, desde el pago de la hipoteca o el alquiler, al café que tomas cada mañana. En nuestra partida de gastos deberíamos identificar, por un lado, los Gastos Fijos, cuya cuantía difícilmente es modificable: hipoteca o alquiler, luz, agua, teléfono, comunidad de vecinos, seguros, colegios. También los Gastos Variables, que incluyen gastos necesarios, como la comida, el transporte o la ropa; los gastos superfluos, aquellos que hacemos pero de los que podríamos prescindir, como un viaje en pareja o una salida nocturna; y gastos imprevistos, que llegan inesperadamente y nos vemos obligados a atender, como una reparación del coche.

El detalle de esta Cuenta de Resultados nos ayudará a identificar claramente en qué se nos va el dinero, a valorar si hay gastos que podemos evitar y a determinar nuestra capacidad de ahorro resultante y la posibilidad o no de realizar nuevos proyectos o inversiones. En un análisis fino de la cuenta de resultados deberíamos incluir los conceptos de forma prorrateada para que seamos plenamente conscientes de la repercusión de los ingresos y de los gastos, o al menos tenerlo en cuenta.

Si mi nómina es de 2.500 euros al mes y tengo unos gastos mensuales de 2.000 euros, mi capacidad de ahorro mensual es de 500 euros al mes, lo que me permite, por ejemplo, planificar un ahorro a largo plazo de 300 euros al mes y destinar 200 euros a imprevistos o demás.

La Cuenta de Resultados:

 

Como se aprecia en los ejemplos anteriores, es relativamente sencillo realizar una fotografía de nuestras finanzas que nos permita tener un control sobre las mismas. Además, es un ejercicio fundamental y la base para planificar correctamente nuestra economía doméstica y el futuro financiero de nuestra família.

Es a partir de esta información desde donde podemos analizar qué planes de acción podemos iniciar, ya sea reducción de gastos, planificación del ahorro o inversiones diversas que podamos plantearnos.

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