La Fiscalidad en los Seguros de Vida

 

En el artículo anterior comentamos la ventaja fiscal que para un autónomo tiene pagar un seguro de vida, así que hoy nos centraremos en explicar qué pasa en el momento clave: ¿qué impuesto tendré que pagar cuando cobre la indemnización de un seguro de vida?  La Fiscalidad del seguro de Vida.

¿QUÉ IMPUESTO SE PAGA AL COBRAR UN SEGURO DE VIDA?

 

Para responder a esa pregunta distinguiremos dos tipos de indemnizaciones:

Por supervivencia del asegurado.

En ambos casos, lo que determina qué impuesto se paga es la concordancia o no de las figuras Tomador y Beneficiario (Puedes consultar el diccionario de términos en el artículo ¿Proteges lo que más te importa?)

Si en el caso del cobro de una indemnización por supervivencia del asegurado, el tomador coincide con el beneficiario, se tributará por el IRPF.
Si en el caso del cobro de una indemnización por supervivencia del asegurado, el tomador y el beneficiario son distintos, se tributará por el Impuesto de Sucesiones y Donaciones (donaciones en este caso).
Por fallecimiento del asegurado.

 

Si en el caso del cobro de una indemnización por fallecimiento del asegurado, el tomador coincide con el beneficiario, se tributará por el IRPF.
Si en el caso del cobro de una indemnización por fallecimiento del asegurado, el tomador y el beneficiario son distintos, se tributará por el Impuesto de Sucesiones y Donaciones (sucesiones en este caso).

Vamos a ser un poco más específicos.

 

¿CÓMO TRIBUTA EL BENEFICIARIO DE UNA PÓLIZA UNA PRESTACIÓN POR INVALIDEZ?

 

Cuando una persona tiene suscrita una póliza de seguro de vida y representa las tres figuras clave del contrato (tomador, asegurado y beneficiario) y ocurre un siniestro que dé lugar al cobro de una prestación por invalidez, se ha de tributar en el IRPF.

Se obtiene un Rendimiento de Capital Mobiliario (RCM) que tributa conforme a la escala de gravamen de las rentas del ahorro, tal y como se detalla en el siguiente cuadro:

 

 

Este rendimiento se determinará de diversa forma dependiendo del tipo de seguro de vida:

  • Si se trata de un seguro de vida anual renovable (el habitual) el rendimiento será el resultado de restar a la indemnización percibida, la prima pagada en la última anualidad.

 

  • Si se trata de un seguro de vida a prima única, el rendimiento será la diferencia entre la prestación recibida y la prima pagada.

 

Cuando el tomador de la póliza no coincide con el beneficiario y éste recibe la prestación como consecuencia de una invalidez del asegurado, se tributa por Impuesto de Sucesiones y Donaciones (ISD). En este caso, se considera una donación.

Imaginemos varios casos:

Un abuelo contrata una póliza de vida como Tomador, asegurando la vida de su hijo, estableciendo a un nieto de beneficiario tanto en caso de fallecimiento como de invalidez del asegurado. En esta situación, el abuelo está incurriendo en una donación a su nieto.
En un matrimonio uno de los cónyuges suscribe un seguro de vida asegurando el fallecimiento y la invalidez del otro, estableciéndose a sí mismo como beneficiario.

Recordemos un par de cuestiones a quien pueda estar pensando alguna insensatez: en primer lugar, que el asegurado tiene que dar su consentimiento, y segundo, que si la muerte del asegurado ha sido causada intencionadamente por el Beneficiario, éste pierde el derecho a la prestación.

 

¿CÓMO TRIBUTA EL BENEFICIARIO DE UNA PÓLIZA UNA PRESTACIÓN POR FALLECIMIENTO?

 

Independientemente de quiénes fueran las figuras de tomador y asegurado, los beneficiarios tributarán por el ISD, en su modalidad de Sucesiones, por la prestación que cobren.

A diferencia que el impuesto sobre RCM, las comunidades autónomas (CCAA) tienen cedido este tributo así que se pueden encontrar grandes diferencias de tributación en función de dónde tuviera la residencia fiscal el fallecido, algo que en mi opinión es tremendamente injusto ya que vulnera la igualdad de los españoles y altera de forma notable la planificación sucesoria de muchas familias condicionando múltiples cuestiones sobre inversiones, localización de empresas y residencia de muchas personas discriminando sus territorios.

No obstante, sí que hay un apartado fiscal común: hay 9.195,49€ exentos en el cobro de una prestación por fallecimiento de un seguro de vida, independientemente del parentesco o relación que tengas fallecido y beneficiario. Esto es algo interesante, por ejemplo, para planificar la sucesión en CCAA donde el ISD está vigente.

Un ejemplo:

una persona cuyos herederos serán sus ocho sobrinos y disponga de un patrimonio financiero de 72.000€, podría articular la exención total en la sucesión contratando un seguro de vida-ahorro con el capital garantizado donde figuren sus ocho sobrinos como herederos a partes iguales.

Como cada uno heredaría 9.000€ a través de un seguro de vida, esta cantidad estaría exenta, mientras que si el dinero estuviera en otro tipo de activo (en cuenta corriente, en acciones, fondos de inversión, etc) tendrían que pagar sucesiones.

 

 

 

¿CÓMO TRIBUTA UNA PÓLIZA CONTRATADA CON CARGO A SOCIEDAD DE GANANCIALES?

 

En primer lugar, cabe explicar que para que una póliza se considere con cargo a la sociedad de gananciales ha de constar esta circunstancia expresamente en la póliza. En caso contrario, el cónyuge del fallecido podría aportar pruebas legales que atribuyesen la veracidad del hecho.

Partiendo de que de una u otra forma se certificase que la póliza es con cargo a la sociedad de gananciales, al beneficiario se le aplican dos impuestos:

  • Estará sujeta al Impuesto sobre Sucesiones el 50% de la prestación, correspondiente con la parte de la prima que teóricamente ha sido pagada por el fallecido.
  • La otra mitad de la prestación, que corresponde teóricamente a la parte pagada por el beneficiario, generará un RCM sujeto a la escala anteriormente vista.

¿CÓMO TRIBUTA UNA PÓLIZA VINCULADA A UNA OPERACIÓN DE CRÉDITO?

 

Los seguros de vida vinculados a operaciones de crédito permiten finiquitar el pago de la deuda cuando ocurre uno de los siniestros cubiertos en la póliza. Aunque la prestación se paga directamente a la entidad financiera acreedora que figura como beneficiario en la póliza, sí tiene consecuencias fiscales para el tomador/asegurado, que básicamente dependen del siniestro que da lugar a la prestación y del tipo de crédito al que está vinculada.

Si se trata de una prestación de invalidez y el seguro está vinculado a un crédito y se cancela una hipoteca, la normativa del IRPF exige que se le aplique el mismo tratamiento que si el beneficiario hubiera sido el deudor hipotecario. Por ello, el tomador/deudorhipotecario obtendrá un RCM.

No obstante, para no distorsionar la finalidad de la operación (la cancelación de la hipoteca), este rendimiento no está sujeto a retención, lo que ocasiona que el tomador (ojo, el Tomador) deba hacer frente al pago del impuesto íntegro en el momento de la declaración. Aunque no ha cobrado ni un euro.

Sin embargo, cuando el seguro no está vinculado y el seguro lo cobra el tomador/asegurado, sí se le aplicará retención por el impuesto sobre RCM, “quedando equilibrado de cargas” en el momento de la declaración en función de las cantidades.

Este tratamiento fiscal difiere si la prestación de invalidez se destina a la cancelación de un préstamo personal. En este caso, la cancelación del préstamo genera una alteración patrimonial para el tomador (su patrimonio neto es mayor al no verse minorado por el importe de la deuda). Esta ganancia patrimonial, a la que de nuevo no se le aplica retención, debe integrarse igualmente en la renta del ahorro.
Como norma en el día a día, soy personalmente partidario de que todo tomador de un seguro de vida no designe nunca a la entidad prestamista como beneficiaria, algo que por ley no es obligatorio como condición para contratar un préstamo financiero.
Así, los beneficiarios podrán ser libres de decidir en función de sus circunstancias personales y financieras el mejor uso para la indemnización, que quizás pase por la liquidación total del préstamo, pero quizás pase por invertirlo en otros activos más rentables que el coste de los intereses del préstamo (especialmente en esta época de “dinero barato”), en educación, en un negocio, etc.

 

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